lunes, 25 de junio de 2007

POPY: EL EMBAJADOR DEL ERROR (VIII)

De inmediato Olivera puso los ojos en los penales donde estaban recluidos los acusados por corrupción, especialmente la Base Naval del Callao, lugar donde se encuentra preso Vladimiro Montesinos. En octubre del 2001, el ministro Olivera responsabilizó a la Marina por una entrevista que concedió desde la prisión Vladimiro Montesinos a la cadena Telemundo. Luego, acusó al congresista aprista César Zumaeta de haber ingresado a la Base Naval para entrevistarse con Vladimiro Montesinos. Ante la falta de pruebas, Olivera intentó presionar, sin éxito, a un marino para que atestigüe el hecho. Ya en noviembre, Olivera provoca un mayúsculo escándalo al organizar una rueda de prensa, junto a otros dos ministros, para patrocinar la versión de un oscuro abogado de nombre José Echaíz, quien denunció haber sido secuestrado por la abogada de Montesinos y llevado hasta la Base Naval en la maletera de un auto para recibir instrucciones del “Doc”. La “denuncia” resultó ser una patraña sin pies ni cabeza, ante lo cual el Comandante General de la Marina, vicealmirante Alfredo Palacios Dongo, respondió con un comunicado desmintiendo al ministro. Entonces, Olivera dio una muestra de poder al provocar la destitución de Palacios Dongo.
Pero quizá la mayor metida de pata del vehemente Olivera, haya sido el hilarante y burdo episodio de las cartas falsas presentadas al Vaticano. Hacia mediados de setiembre del 2001, “una fuente confiable” alcanzó a Popy unos documentos que comprometían a altos miembros de la Iglesia en supuestos contubernios con el mafioso Vladimiro Montesinos.
Fueron tres cartas. Dos de ellas fechadas en julio y octubre del 2000, a finales del gobierno de Fujimori, dirigidas por el Nuncio Apostólico Rino Passigato al mismísimo Montesinos en las que agradece las donaciones entregadas por el asesor y le solicita “que cumpla con la contribución adicional” de 120 mil dólares “para honrar los esfuerzos de los Cardenales de Roma que a la fecha no ven reconocidos sus esfuerzos”.
La otra misiva, fechada el 2 de mayo del 2001, supuestamente escrita por el Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Juan Luis Cipriani, dirigida al entonces presidente del gobierno de transición, Valentín Paniagua, en la que le pide la “eliminación e incineración de los vídeos que pudieran tener relación con mi persona”.
Es decir, una verdadera bomba la que tenía Olivera entre manos. Sin embargo todo empezó a desmoronarse como un débil castillo de naipes, cuando el mismo Cipriani decide revelar lo que ya se conocía como rumores y precipita la explosión y pide al gobierno que aclare las versiones periodísticas que ya se manejaban en torno a este nuevo escándalo.
La historia de lo que sucedió realmente, es hasta ahora un secreto. Algunos miembros de la curia peruana y otros informantes, contaron que fue Olivera quien llevó las cartas al presidente Toledo y éste sorprendido, convocó a una reunión en la que habría participado la primera Dama, Eliane Karp (conocida enemiga del cardenal Cipriani), el padre Martín Sánchez (director del “Hogar de Cristo”, amiga de la pareja presidencial y detractor del cardenal), el arzobispo de Puno, Pedro Carrión y el ministro Olivera; en la que, luego de una larga discusión, decidieron que Popy viaje al Vaticano para mostrar las escandalosas cartas y denuncie la supuesta cercanía entre Cipriani y la mafia fujimontesisinista.
Así, sin autorización del Consejo de Ministros, apoyado por una Resolución Suprema firmada por el Presidente del Consejo de Ministros Roberto Dañino, y sin especificar las razones del viaje, Olivera partió rumbo al Vaticano.
Allí se entrevistó con Joan Luis Tauran, funcionario de la Secretaría de Estado y presentó las cartas, poniendo como condición que no se dejarían las pruebas incriminatorias, ni copias de las cartas; cosa curiosa si de lo que se trataba era de comprobar la veracidad de las mismas. Tauran tomó nota de la extraña denuncia y llamó a consulta a Cipriani y Passigato, quienes se encontraban casualmente en Roma en un Sínodo. Ambos prelados negaron todo y eso bastó para que la Santa Sede desestimara la denuncia y respaldara a los involucrados, pidiendo al Estado peruano mayores pruebas sobre la imputación hecha por el ministro Olivera. Lo curioso es que pese a la tensa reunión en la Santa Sede, el ministro no tuvo el menor empacho para pedir una bendición papal para sus hijas que estaban próximas a hacer la Primera Comunión.
Días después, el arzobispado exigió una explicación y disculpas al gobierno por lo sucedido, a la par que estallaba el escándalo periodístico. Olivera se limitó a decir que llevó dichas cartas apócrifas para corroborar su veracidad. Se anunciaron investigaciones jamás concretadas y el que resultó, a la postre, peor parado fue el padre Martín Sánchez, sobre quien cayó una severa sanción de la iglesia peruana; y Fernando Olivera salió nuevamente limpio de polvo y paja.
No obstante, durante este mismo periodo ocurrió otro hecho de mayor gravedad pero que hasta la fecha no ha podido ser dilucidado. En ese entonces uno de los reos por corrupción más visitados era, nada menos que Eduardo Calmell del Solar. Según nos narró uno de sus mejores amigos y quien lo visitaba regularmente en el penal para reos primarios San Jorge, la celda de Calmell solía congregar hasta 12 visitantes los fines de semana, varios de ellos, periodistas del diario Expreso y amigos personales. Fue entonces que a Calmell se le puso el apodo de “Conde de Montecristo”, debido a que decidió dejar de cortarse el cabello y mostrar una frondosa melena, en señal de protesta al no ser atendidas sus apelaciones para que salga del penal y a que prometía sin cesar vengarse de varios ex amigos y políticos que le dieron la espalda. El nombre de Fernando Olivera era mencionado todo el tiempo por el “Conde”. Según este testigo, “Calmell le pedía a todos sus visitantes que actuaran como mensajeros ante Olivera, exigiéndole una ayuda para dejar el penal o en caso contrario lo hundiría porque guardaba pruebas contra él. Se refirió por ejemplo a los pasajes y recibos que probaban que habían viajado juntos a Rusia, pero aseguraba que habían más hechos de los que Olivera estaba perfectamente al tanto”, refiere nuestra fuente.
Al no obtener respuesta, Calmell empezó a enviar estos mensajes por escrito, una de las misivas, fue incluso difundida por el periodista César Hildebrandt en su programa televisivo.
De pronto, Calmell perdió la paciencia, su defensa parecía no prosperar y la jueza anticorrupción Sara Maita, le negó sus reiterados pedidos de hábeas corpus para ser puesto en libertad. "A pesar de su carácter alegre y desenfadado, ya no soportaba más estar allí", asegura nuestra fuente. Fue entonces que Calmell escribió una encendida carta al diario El Comercio, que fue publicada el 10 de enero del 2002. En ella denuncia a “falsos moralizadores, hoy en el gobierno a los que pronto voy a desenmascarar”, en realidad se prestaron al juego de Montesinos y amenazaba con presentar pruebas de lo dicho.
Agrega, este amigo de Calmell, que un par de días después, el “Conde” por fin tuvo respuesta. Recibió la misteriosa visita del abogado Emilio Rodríguez Larraín, influyente personaje casado (al igual que Olivera) con una Miró Quesada y gran amigo del entonces ministro, al igual que del caído en desgracia. En la cita, le habría dicho que “mantuviera la calma y no hiciera locuras porque se le iba a ayudar”.
A mediados de abril, sorpresivamente apareció en escena el propio ministro Olivera anunciando que a Calmell del Solar y Alberto Kouri, se les había hallado las llaves de sus celdas y que, en castigo, serían trasladados al penal Sarita Colonia del Callao. Con el cambio de penal, Calmell cambió también de jurisdicción y fue entonces que ocurrió un hecho increíble y único. El juez Jimmy Arbulú, quien llevaba sólo dos meses como titular en el Décimo Juzgado Penal del Callao, acogió una acción de habeas corpus presentada por Calmell y le autorizó su "libertad sin restricciones". El juez, por cierto, dio a conocer su decisión un viernes por la tarde, previo a todo el fin de semana y con el tiempo suficiente para que escapara. Lo que hizo fue viajar por tierra hasta Ecuador y abordar un avión a los Estados Unidos, utilizando su propia identidad toda vez que no había ninguna orden de captura en su contra. Que un alto funcionario del Ministerio de Justicia, lo ayudó, no quedan dudas y es un secreto a voces que Olivera, temiendo la posible venganza de Calmell, montó el episodio de las llaves y posterior traslado a otro penal para facilitar su fuga. Hasta la fecha Calmell permanece en los Estados Unidos y mantiene el contacto con sus amigos, vía correo electrónico. Intentamos comunicarnos con él pero mandó decir que “temía lo que Olivera pudiera hacer y prefería no hablar”, aunque garantizó que “en el momento propicio toda la verdad saldrá a la luz”. Como fuera, responsabilidad directa o simple negligencia de su despacho, lo cierto es que esta es tal vez la “perla” más grave en su gestión como ministro.
La caída de Olivera, como ministro de Justicia, se inició en junio del 2002, como consecuencia de las amenazas e insultos proferidos por él contra algunos jueces y contra la población de la ciudad de Arequipa, que organizó una revuelta para impedir que la empresa eléctrica Egasa sea privatizada. Finalmente, el gobierno tuvo que retroceder y el presidente Toledo ofreció públicas disculpas a los arequipeños. Sin embargo, en una cinematográfica escena, el mandatario fue a buscar a Olivera a su casa, acompañado de todos los medios de prensa, para prodigarle un abrazo y manifestar su total respaldo a la gestión del ministro, dejando cada vez más intrigados a los peruanos. Finalmente, el 27 de julio 2002, Olivera sale del gabinete pero logra que dos de sus partidarios ingresen como ministros y a él a pesar de no ostentar cargo público alguno, le fue asignada una escolta de cuatro vehículos y 16 guardaespaldas. Finalmente el 19 octubre del 2002 fue premiado con el cargo de Embajador en el Reino de España, pero recién el 29 de noviembre presenta sus credenciales ante el rey Juan Carlos, debido al parecer, a que la Cancillería española puso reparos a los antecedentes oscuros del sui generis embajador.
Ya instalado en su nuevo cargo en Madrid la aparente buena estrella de Olivera, parece derrumbarse. Su inexperiencia en el cargo y su desesperación por estar lejos del Perú, lo han llevado a cometer gruesos errores. Cuentan los corresponsales peruanos en Madrid, que no bien asumió el cargo de embajador, Olivera ordenó repartir por mail a todos los peruanos la noticia de su nombramiento, junto a todos los teléfonos de la embajada y hasta el de su propio celular para ofrecer sus buenos oficios a los residentes, cosa absolutamente inusual. El resultado fue que los peruanos empezaron a llamarlo a todas horas, por lo que decidió cambiar sus teléfonos.
Al poco tiempo de radicar en Madrid, recibió a una periodista peruana enviada especial de Panamericana Televisión para entrevistarlo. Olivera la recibió con mucho recelo, al punto, que no le permitió la entrada a la residencia del embajador por la puerta principal, sino por la puerta de servicio y realizó la entrevista en la cocina. Según él, “para evitar suspicacias y que en el Perú no vean cómo vive el embajador”; sin embargo, los periodistas peruanos que viven en Madrid han entrado a la casa y cuentan que no hay nada de raro en la residencia que no sea lo que todos los embajadores tienen. Sólo que llama la atención que en medio de las fotografías familiares que hay en su sala, haya una del presidente Alejandro Toledo y su esposa en tamaño exageradamente grande.
Mientras tanto, el embajador se convirtió en un viajero frecuente al pasar siete días de cada mes en el Perú y veinte en España, mientras que los días restantes los pasa volando de un continente a otro. Pero, algo cambió, desde fines del 2003 y durante todo este año llovió sobre Olivera una seguidilla de denuncias que han ocupado decenas de portadas y artículos en los medios de prensa locales. El embajador volvió al país las veces que fue necesario pero algo había cambiado, la imagen del cómico ex fiscalizador de pronto adquirió ribetes terroríficos y hasta su rostro cambió. Los insultos, exabruptos, amenazas, comentarios mordaces y los arranques de ira de Olivera fueron la respuesta ante los cuestionamientos de la prensa. Esto llegó al clímax cuando respondió con un apabullante "¡Cállese la boca!", a la pregunta de un periodista, sobre sus relaciones con un oscuro asesor presidencial comprometido en conversaciones con un general suicidado de la mafia montesinista.
"Ya no es Popy, ¡se ha convertido en Chucky, el muñeco diabólico"!, nos comentó un entristecido Luis Iberico, congresista y correligionario del FIM, quien al igual que el resto de su bancada, ya no parece tan dispuesta a "quemarse" junto a su líder.
Aún así, Fernando Olivera sigue contando con la venia presidencial, aunque en el último cambio de gabinete, el FIM perdió sus dos carteras ministeriales. Entretanto "El muerto", "Popy", "Chucky", o simplemente el embajador Fernando Olivera Vega, sigue ahí, intrigando, investigando a sus enemigos, despotricando contra Alan García y planificando su próxima vendetta. Mientras culminamos estas páginas Olivera va moviendo sus hilos para intentar tumbarse a la fiscal de la Nación, por haberse atrevido a investigarlo mientras toda la clase política sigue preguntándose, ¿cuál será su próximo paso?, ¿hasta cuándo seguirá Olivera como Embajador? o, más probable aún, ¿en qué momento le dará Olivera una puñalada al presidente Toledo? Tal vez eso mismo se pregunta él en este momento en Madrid, mientras mira su reloj constantemente, moviendo el pie impaciente, esperando recibir noticias de Lima.

1 comentario:

JOSE LUIS dijo...

Es lamentable como se maneja hasta ahora en forma antojadiza las informaciones realmente causa risa hasta estas alturas que se me indique como un "oscuro abogado" cuando mi trayectoria profesional es publica y conocida , en donde el hecho de destacar tanto en el campo profesional y personal en nuestro pais resulta un pecado. El hecho de tener estudios profesionales , de especializacion, post grados parece que saca urticaria en nuestra clase politica y en los diversos convivados de piedra. No podria ser un abogado oscuro y profesional dedicado a la docencia universitaria forjador de muchas promociones, una persona que nunca fue sancionado en el desempeño de sus funcines publicas. Que siempre fue felicitado y lo puedo demostrar y que bajos argumentos falsos se pretende hacerme un cadaver politico y profesional, circustancias que jamas se darán no cesare en mi afan de seguir aportando en favor de mi pais, como ultimamente cooperando en la desarticulacion de bandas organizadas de narcotraficantes, y como se manipulo por la clase politica de ese entonces y vigente actualmente la informacion para desacreditarme y cubrir realmente hechos que involucraban al regimen de Toledo y a muchos politicos actuales, es facil echar barro a una persona que no tuvo acceso en forma imparcial de los medios y se pretendio vincular a personas que nunca tuve vinculacion. espero que cesen sus ataques absurdos. No tengo y mucho menos he tenido vinculacion alguna con el señor Olivera y su Clan el responsable de dichos hechos son otros.