lunes, 3 de septiembre de 2007

MUÑECAS DE GLORIA


Huyó de la violencia terrorista que sacudió su natal Ayacucho, sin dinero y sin ningún proyecto de vida, pero su increíble fuerza interior y su enorme capacidad para trabajar le permitieron salir adelante. Hoy Gloria Jaico Janampa es una micro empresaria que fabrica muñecas de trapo y las vende a diversos países del mundo, incluso hace muñecas con trajes típicos chilenos. Esta es su increíble historia.

Escribe: Omar Zevallos Velarde
Foto: Milagros Gonzales Castillo

Cuando Gloria era niña no tuvo una muñeca. Sus padres nunca le compraron una porque para ellos la vida no permite que los pobres jueguen, solo que aprendan a trabajar.
-¡Ustedes nunca se van a casar y por eso tienen que aprender a trabajar!-, les decían a sus hijos.

Cuarenta años después, Gloria Jaico Janampa vive de su trabajo fabricando muñecas de trapo y aunque ya no tiene edad para jugar con ellas, paradójicamente son ellas las que hoy le dan trabajo.

Los recuerdos parecen remover las viejas heridas causadas por la violencia terrorista en su Huamanga natal. “Los terroristas mataron a gran parte de mi familia –dice sin rencores, como si contara una película de otro tiempo- los fusilaron en un cerro, sólo porque mi primo que era policía, autorizó una fiesta para un matrimonio”.

Los muertos amanecían en las esquinas y nadie sabía si los habían matado los terroristas o los policías. Su casa que quedaba en una esquina se convirtió en una trinchera. En cualquier momento entraban los policías para guarecerse de los balazos que salían de los AKM que empuñaban los senderistas. Así no podían vivir.

Una mañana de 1982, cuando Gloria tenía 17 años y cursaba el cuarto de secundaria, sus padres reunieron a los ocho hijos y les comunicaron su decisión de abandonar la casa para huir a Lima. Atrás quedaban las chacras de los abuelos y el taller de talabartería que sirvió para alimentar a toda la familia.

Con el miedo pisándoles los talones llegaron a la capital en busca de su destino. Aquí se instalaron y empezaron a trabajar de lo que sea. Ayudando en una ferretería, aprendiendo a coser para fabricar blusas, chompas y casacas que luego vendían en las ferias artesanales, pero no era suficiente.

Gloria solo tenía en mente trabajar para salir adelante, ella no estaba dispuesta a estirar la mano para pedir ayuda, así que recordó lo que su padre siempre le dijo; y con esa voluntad a prueba de fuego salió adelante. Se casó con un policía con el que tuvo dos hijos y como a él no le gustaba que Gloria trabaje tanto, la abandonó.

Sus pequeños ojos negros no tienen tiempo para el rencor, ni para esperar ver que su ex marido la mantenga. Así que un buen día paseando por las tiendas de artesanía del Centro de Lima, vio que vendían unas muñecas de trapo que ella podía hacer, que sus hábiles manos podían fabricar eso y mucho más. Se pasó un mes completo mirando la vitrinas de las artesanías, tratando de aprenderse de memoria cada muñeca, cada puntada de color, cada encaje bordado; hasta que aferrada a su espíritu emprendedor, volvió a casa con unos retazos de bayeta de colores y fabricó tres muñecas.

Con ellas escondidas bajo su chompa y con un poco de vergüenza en el rostro, se fue a una posta médica cercana a su casa y las ofreció. Grande fue su sorpresa que apenas las mostró se las compraron; fue el inicio de ese gran sueño que tiene en su cabeza y que parece hacerse realidad lentamente gracias a su tesón y a su notable entereza.

Desde entonces Gloria no ha parado de fabricar muñecas de todo tamaño y color. Al poco tiempo una amiga vio sus trabajos y le pidió 50 muñecas típicas para llevarlas a Buenos Aires y otras para Iquique en Chile y venderlas entre los compatriotas que viven en esas ciudades; pero como ella no busca que los clientes se contenten con lo que se llevan, les propuso hacer muñecas con los atuendos típicos de los chilenos y aceptaron.

Pero eso no fue todo. Poco tiempo después empezó a enviarlas a Japón, Canadá, Estados Unidos, España y México; y ha tenido que contratar a ocho señoras de su barrio para que le ayuden en el trabajo. Unas hacen las armazones, otras los cuerpos, otras cosen los vestidos y ella les da el acabado.

Cuando Gloria piensa en el futuro, mira sus muñecas ordenadas en una vieja mesa de su casa de El Agustino, y se imagina como una exitosa empresaria exportadora. “Mi meta es exportar, quiero que mis muñecas se vendan en todo el mundo. Ya recibí una invitación de la ONU para estar en una feria que se realiza ahora en octubre en España, pero no iré. Aún no puedo pagarme el pasaje”, dice sin una pizca de pena, porque está segura que un futuro cercano conseguirá eso y mucho más.

Mañana su día empezará a las 5 de la mañana y terminará cuando las fuerzas la abandonen, porque tiene que terminar treinta cuadros bordados con 619 muñequitas que le han pedido para Japón. Será un escalón más de la escalera que la llevará al éxito, ese que se construye de a pocos en un país como el nuestro, que necesita de mujeres como Gloria Jaico Janampa.