Disfrutar de un día de playa en el litoral limeño cada vez resulta menos placentero, gracias a que las autoridades no hacen cumplir las normas y los comerciantes se apropian de los espacios en gran forma y estilo porque saben que nadie les dirá nada, pues de lo que se trata es de aprovechar la temporada para hacer negocio como sea y a costa de lo que sea.
Como lo que pasa en la playa El Silencio, donde los dueños de los restaurantes diseminados a todo lo largo de la playa, han tomado por asalto todo el espacio que hay desde su local hasta casi el borde de la orilla marina, sin que el municipio de Lurín diga nada al respecto.
Estos comerciantes han llenado de sombrillas y perezosas todo el espacio disponible para los "clientes" que pueden usarlas si consumen sus productos; pero para quien va a la playa a disfrutar de la tranquilidad de un fin de semana, practicamente le es imposible encontrar un lugar disponible para hacerlo.
Que se sepa la playa es de todos, desde la orilla hacia afuera unos 5o metros, pero en El Silencio eso es letra muerta. La pregunta es: ¿Qué espera el municipio para obligar a estos comerciantes a retirar sus sombrillas? ¿O es que tienen licencia para invadir la playa?

